Jóvenes, prácticas culturales y tecnologías*

Por: Mariana Maestri

Las tecnologías de la comunicación e información han provocado transformaciones en diferentes ámbitos y niveles que conforman la realidad social. La presencia de dispositivos comunicacionales basados en la interconexión, instantaneidad, simultaneidad y globalización de la información han hecho que el esquema comunicativo tradicional basado en un modelo simple, de sentido único, emisor – receptor se modifique por el de redes múltiples en las que cada persona es el punto de inicio y de llegada de demandas y respuestas, en las que se ponen en juego las singularidades y homogeneidades que conforman esta cadena (casi infinita) de interacciones.

Estos dispositivos son el resultado de la unión entre las computadoras, la televisión y los teléfonos celulares por lo que hoy nos encontramos en medio de una revolución tecnológica que supone una modificación a nivel cultural hacia nuevas formas de producción, distribución y circulación de la información mediadas por las tecnologías de pantallas. Los nuevos medios de comunicación han generado una matriz que posee su propia racionalidad productora y generadora de sentido. Este nuevo ambiente está caracterizado por la convergencia de medios, es decir, la desaparición de los límites entre los distintos medios de comunicación masiva y la fusión de estos en un único mecanismo digital, lo que posibilita – a través de transformar todos los mensajes en ceros y unos- el manejo simultaneo de voz, datos e imágenes mediante un sólo dispositivo tecnológico.

En este marco son los adolescentes y los jóvenes quienes adoptan, se adaptan con mayor facilidad y se apropian de las nuevas tecnologías constituyendo lo que muchos han denominado los “nativos digitales”[1]. Son, para decirlo de otro modo, los NyC, niñas y niños nacidos y criados en el ambiente  tecnológico en el sentido que lo ha planteado Mcluhan, es decir, en un entorno determinado por las tecnologías que imponen modos perceptuales, formas de relacionarse con los otros y maneras de acceder y conectarse con la realidad.

En un sentido similar, J. Martín Barbero, plantea que “serían los jóvenes quienes encarnarían un nuevo sensorium audiovisual pues ellos son “sujetos dotados de una ‘plasticidad neuronal’ y elasticidad cultural que(…) es más bien apertura a muy diversas formas, camaleónica adaptación a los más diversos contextos y una enorme facilidad para los ‘idiomas’ del video y el computador”.[2]

En el marco general del Proyecto de Investigación “Interfaces en Pantallas: TV, PC e Internet, se elaboró otro denominado “Consumos y Prácticas culturales: un abordaje sociosemiótico del ámbito de la recepción”[3], en el que hemos decidido realizar un abordaje cualitativo y de carácter etnográfico del consumo de estos nuevos medios  mediante la observación y entrevistas a un sector de jóvenes y adolescentes  de clase media de la ciudad de Rosario. La elección de esta metodología se debe a que consideramos que es mediante la observación, la recolección de información a través de entrevistas focales y encuentros pautados con grupos determinados que podemos dar cuenta de una parte de la población tan heterogénea y variada como es la de los jóvenes. Además, y principalmente, partimos del supuesto de que la recepción, en este contexto mediológico, es diversa y fragmentada y por lo tanto, los usuarios tienen un mayor grado de intervención en el proceso de elaboración y producción  de los mensajes. Estos “nativos digitales”, generación que se ha educado y socializado en un entorno digital, conforman un público con nuevas competencias tano a nivel cognitivo como perceptual. Esto nos hace presuponer que los consumidores pueden “negociar” y “resistir” al construir sus propios significados a partir de sus propios hábitos y prácticas sociales. La relación entre elaboración, construcción y negociación implica el paso de la práctica cognitiva a la práctica social.

“Si los viejos consumidores se suponían pasivos, los nuevos consumidores son activos. Si los viejos consumidores eran predecibles y permanecían donde les decías que se quedasen, los nuevos consumidores son migratorios y muestran una lealtad hacia las cadenas, las redes y los medios. Si los viejos consumidores eran individuos aislados, los nuevos consumidores están más conectados socialmente. Si el trabajo de los consumidores mediáticos fue antaño silencioso e invisible, los nuevos consumidores son hoy ruidosos y públicos”. (29)

Esta actividad del receptor la entendemos como lo plantea De Certeau  desde su noción de táctica, “…un cálculo que no puede contar con un lugar propio, ni por tanto con una frontera que distinga al otro como una totalidad visible. La táctica no tiene más lugar que el del otro. Se insinúa, fragmentariamente, sin tomarlo en su totalidad, sin poder mantenerlo a distancia. No dispone de una base donde capitalizar sus ventajas, preparar sus expansiones y asegurar una independencia en relación con las circunstancias. Debido a su no lugar, la táctica depende del tiempo, atenta a ‘coger al vuelo’ las posibilidades de provecho. Necesita jugar constantemente con los acontecimientos para hacer de ellos ‘ocasiones’. Sin cesar, el débil debe sacar provecho de fuerzas que le resultan ajenas. Lo hace en momentos oportunos en que combina elementos heterogéneos, pero su síntesis intelectual tiene como forma no un discurso, sino la decisión misma, acto y manera de ‘aprovechar’ la ocasión. Caza furtivamente. Crea sorpresas. Le resulta posible estar allí donde no se le espera. Es astuta”.[4]

La libertad de estos consumidores, o prosumidores como los denomina De Certeau se encuentra circunscrita en el establishments en el sentido de la sociología de Goffman, es decir, un espacio cerrado, con limites para la percepción, en el que se lleva a cabo regularmente un tipo determinado de actividad. En general los usuarios utilizan las tecnologías para recabar información sobre otras personas o dar información sobre ellos mismos, entran en presencia de los demás, interactúa con los otros y realizan una presentación de sí mismo.

Ciertos conceptos y lecturas de la vida cotidiana y la interacción nos serán útiles para interpretar el uso que los jóvenes y adolescentes realizan de sitios como Facebook, HI 5 y otros espacios virtuales de  similares características.

Desde este lugar intentaremos contribuir al debate sobre ciertos temas que se han tornado recurrentes -pero no por esto han dejado de ser interesantes-  en la literatura sobre las nuevas tecnologías de comunicación e información, a saber, los modos de consumo vinculados a Internet, los teléfonos celulares, los procesos de subjetivación, de vinculación y  las nuevas formas de agruparse de un sector de los jóvenes rosarinos.

Consideramos, como ya lo expresó McLuhan que: “Nadie conoce todavía el idioma inherente a la nueva cultura tecnológica. Somos todos ciegos y sordomudos, respecto de la nueva situación. Nuestros más impresionantes vocablos y pensamientos nos traicionan, ya que nos remiten a lo pre existente, no a lo actual”.[5]

Nosotros tampoco lo conocemos por lo que lo que se leerá a continuación son unas notas que buscan explorar este nuevo marco social en el que se encuentran los adolescentes y los jóvenes.

Modos de consumo y objetos

Una de las particularidades del ambiente de los jóvenes, en la actualidad, es el contacto cotidiano con diferentes aparatos tecnológicos como por ejemplo los teléfonos celulares, PC, MP3, MP4, pen drives, cámaras digitales, CD, DVD, etc. entre otros. Estos dispositivos, que son cada vez más pequeños, más livianos, y menos costosos conforman el mundo de objetos compartidos por los más jóvenes y que, además, se traslada con ellos a diferentes ámbitos. Los jóvenes se mueven y con ellos va su “ambiente” tecnológico.  En las puertas de los shoppings, en  las esquinas, a la salida de las escuelas, mientras van en bici o “hacen tiempo” en los escalones de un edificio, siempre vemos, a adolescentes y a jóvenes con sus tecnologías. Es un paisaje que se repite en todos los espacios públicos o semi públicos que integran la ciudad.

Uno de los ejemplos más habituales y del que hemos dado cuenta mediante la realización  de  diferentes entrevistas y encuestas es el del teléfono celular. Según  datos extraídos del Sistema Nacional de Consumos Culturales, en marzo de 2006 existían 2 millones de aparatos celulares en nuestro país. El 97,5% de chicos y chicas comprendido entre los 12 y 17 años de edad dice usar el teléfono celular  principalmente para enviar o recibir mensajes de textos[6]. Este dato se puede vincular también con la encuesta realizada a ingresantes de la Facultad de Ciencia Política y RR.II., los jóvenes entrevistados expresan haber tenido el primer teléfono celular entre los 15 y 16 años y el 97% declara hacer un uso intensivo o medio del teléfono para mandar mensajes de textos. (ref.)

El celular es la bitácora virtual de casi todos los entrevistados, mediante los mensajes de textos van construyendo diferentes recorridos y posibles puntos de encuentro. La idea de transportabilidad del celular se acentúa más cuando manifiestan que es, durante el trayecto en que viajan en colectivo, el momento en el que más usan el teléfono para organizar encuentros, salidas, reuniones, etc.

Una de las entrevistadas dice: “El colectivo es el mejor lugar para ponernos de acuerdo y ver dónde encontrarnos. Cuándo una de nosotras sale de su casa manda un mensajito y avisa para que lado va y el resto se va sumando, enviando otros mensajes y así nos ponemos de acuerdo”.

Del encuentro realizado con un grupo de jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 17 y 19 años, podemos decir que el teléfono celular se usa casi exclusivamente para enviar mensajes de textos y que sólo reciben o hacen llamadas “convencionales” a familiares (especialmente a sus padres) porque la mayoría posee algún plan que le habilita llamadas gratuitas o a muy bajo costo y, además, consideran que sus padres “no logran comprender lo que le queremos decir cuando le mandamos un mensaje…aunque cada vez entienden un poco más!”

El celular es un objeto que se comparte, cualquiera puede leer el mensaje que recibe otra amiga del grupo o sacar fotos con el celular de otra. Es un instrumento que une al grupo. Lo mismo sucede con el correo electrónico, todas las chicas conocen las claves de acceso a la dirección personal por lo que -aunque dicen que rara vez lo hacen- pueden chequear los mail de todas. Los objetos tecnológicos son compartidos y son usados como lazos para re afirmar la amistad entre las más amigas del grupo. Implica el grado de pertenencia y confianza que hay entre ellas.

El factor económico es una de las variables que determina el uso del teléfono celular pero también lo hace la “distancia generacional” y este tema se menciona de manera muy recurrente entre los diferentes grupos que hemos analizado. Los padres representan el sector de la población que ha tenido que acercase a las nuevas tecnologías de manera “impuesta”, podríamos decir que de manera artificial se han familiarizado con ciertas potencialidades de algunos de estos objetos. El acercamiento con las tecnologías, muchas veces, se ha realizado guiados por sus hijos o algún miembro más joven del entorno familiar. Por el contrario, para los más jóvenes, el uso de la tecnología, se da naturalmente, de manera casi intuitiva y manejan el lenguaje tecnológico como si fuera su lengua materna.

La plasticidad neuronal a la que hace referencia J. M. Barbero, tiene que ver con esta sensibilidad que se construye a través de la práctica, de la experiencia y el contacto desde la infancia, con tecnologías que poseen un lenguaje diferente al de los medios de masas tradicionales. Los videos juegos han sido, para la mayoría de los jóvenes sus primeros lugares de “entrenamiento” en la lógica comunicativa – informacional. El ingreso al mundo de la informática y la tecnología está íntimamente relacionado con el juego, el ocio y el tiempo libre lo que indica un contacto desde el origen completamente distinto al de generaciones mayores. El acceso a las tecnologías desde lo lúdico implica un modo más relajado, en el momento de comprender su funcionamiento y sus reglas. No hay miedo a equivocarse o “meter la pata” porque han aprendido mediante el ensayo y el error. Es en este sentido que la tecnología no los asusta ni les genera ningún tipo de recelo, es una herramienta que se comparte, se presta, se intercambia. Siempre hay algún amigo o conocido que, MSN mediante, enviará el dato necesario para poder instalar o usar el programa.

La computadora es, obviamente, otro de los objetos que componen el entorno juvenil. Muchas veces existe más de una computadora en el hogar, en esos casos, una de las PC se usa casi exclusivamente para bajar música o programas de TV, series, películas, etc. y permanece casi todo el día encendida y conectada a la red. Estas máquinas son las que cuentan con todos los programas necesarios para bajar música, películas, etc. Aquí también se chequean los mails. La otra computadora, en algunas ocasiones es una portátil y está reservada para actividades vinculadas con el estudio y/o el trabajo. Esto se debe al temor ante los virus y a la capacidad de almacenado. El uso de la PC familiar está vinculado con el entretenimiento y el esparcimiento y la otra con el estudio, la investigación o el trabajo.

Consultados sobre la complejidad y especificidad de los programas para realizar este tipo de actividades ninguno manifestó ningún tipo de dificultad.

“Cualquier sitio es bueno, por ejemplo ponés LOST en TARINGA!  Y te aparecen todos los capítulos, los bajás ¡y ya está!”

Ninguno de nuestros entrevistados manifestó tener alguna dificultad para subir o colgar videos, fotos, textos en general, en al web. La información, el modo como operar con estos programas se obtiene mediante la charla cotidiana con sus pares. Son los jóvenes, y los niños, quienes en general cuentan con la mayor y la más novedosa información sobre programas. Los CD o los pen drive con las copias “truchas” de nuevas versiones, últimas actualizaciones de programas de PC (software) circulan de mano en mano.

Los programas para las PC son como “micromódulos cognitivos automáticos que se superponen a los de los humanos y que transforman o aumentan sus capacidades de cálculos, razonamiento, imaginación, creación, comunicación, aprendizaje o navegación en la información”.[7]

Socialización y subjetivación.net

Los fotologs, la comunidades virtuales, los blogs, y los sitios de redes sociales  (MySpace, Facebook, Bebo, Orbuk) pueden ser analizados como un espacio de interacción en los que los usuarios participan activamente en la generación y distribución de los contenidos y  en el que se dan indicios para construir una imagen del “sí mismo”. Para poder realizar un exploración de estos espacios proponemos utilizar las herramientas teóricas elaboradas por E. Goffman a partir de su análisis sobre la presentación del yo en la vida cotidiana y su  modelo dramatúrgico de la  interacción, en este caso, trabajaremos las interacciones  mediada por las tecnologías.

J. B. Thompson realiza una clasificación de distintos tipos de interacción mediadas por las tecnologías, en este caso nos parece pertinente hacer mención a la “actividad mediática cotidiana”[8]. Este tipo de actividad hace referencia a una acción que forma parte de la vida cotidiana. Los jóvenes saben que sus interacciones son susceptibles de ser filmadas, fotografiadas y expuestas en el ciberespacio y representan, actúan en función de ese conocimiento.

Como en los contactos cara a cara, en la web también sucede que “cuando un individuo entra en presencia de los demás, ellos normalmente buscan adquirir información sobre él o utilizar información sobre él que ya tiene. Se interesan por: su status socioeconómico general, su concepción de sí mismo, su actitud hacia ellos, su competencia, su fiabilidad, etc. Aunque alguna de esta información parece ser buscada casi como un fin en sí mismo, hay usualmente razones muy prácticas para adquirirla. La información sobre el individuo ayuda a definir la situación”.[9]

El blog o las redes sociales en Internet son, por lo tanto, el escenario en el que se ponen en acción diversas estrategias de presentación del yo. Cada uno de los usuarios de estos sitios, al interactuar, lleva adelante una representación que está ligada a una rutina previamente establecida. Estos espacios constituyen lo que Goffman ha denominado la fachada o el frente en el que se hace visible el rol que se representa. De este modo en la construcción del perfil, los adolescentes, definen su apariencia: dan a conocer un conjunto de datos que nos informan sobre su estatus y con los que determinan sus comportamientos.

Los adolescentes y jóvenes entrevistados han manifestado tener un blog o fotolog, si bien a medida que aumenta la edad decae el nivel de participación o actividad en su propio blog o en el de amigos y/o conocidos.

En la adolescencia o primera juventud aparece más fuertemente esta necesidad de agradar a los otros, de formar parte de un grupo y esto se ve reflejado en la cantidad de adolescentes que manifestaron tener su propio fotolog y su perfil en Facebook como un lugar de encuentro y contacto con los amigos. No es tan importante lo que se dice pero es necesario “postear” en el blog de una amiga o colgar un video en Facebook.

“Una actuación (performance) puede ser definida como: toda actividad de un participante dado en una ocasión dada que sirve para influir de algún modo sobre cualquiera de los demás participantes. Tomando a un participante concreto y a su actuación (performance) como punto de referencia básico, podemos referirnos a los que realizan las otras actuaciones como audiencia, observadores o coparticipantes”.[10]

Los vínculos que se establecen están basados en la dependencia  y en la confianza, “la confianza es el precio exigido para poder interactuar”[11] y, principalmente en la necesidad de generar en el público una mirada favorable. Palabras y frases como las que siguen son características de los blog o los fotologs de los adolescentes: “Gente”, “Posteaba”, “Pasate-solo pasaba”, “Pic o pik” (significa fotografía) “Espero que les guste”, “Firmen”, “Perdón por no pasarme”. De este modo buscan posicionarse en un rol que es, a su vez, el resultado de diferentes roles combinados. En este proceso de actuaciones combinadas se forma un equipo de actores que coopera para la representación de una situación basada en el contacto y en la pertenencia. Este tipo de “posteos” tiene características rituales ya que las palabras publicadas tienen un valor simbólico que sirve para manifestar el compromiso de los actores necesario para sostener la imagen que de ellos tienen los participantes en esta interacción mediatizada. Desde esta perspectiva el valor no está dado por el significado literal de lo que se escribe sino por el valor simbólico que implica para el grupo la acción (performance) de realizada por uno de los integrantes del grupo.

Los jóvenes consultados manifestaron tener o haber tenido un fotolog en la escuela secundaria y, especialmente, haber formado parte de blog construido a raíz del viaje a Bariloche. Nuevamente aparece el tema del ritual, en el acontecimiento mismo de haber formado parte del grupo y acentuado a partir del fotolog comunitario en el que se refuerza la noción de pertenencia a esa comunidad reunida, nuevamente, a través de la celebración (posteo mediante) del suceso.

Como decíamos más arriba, en el caso de los ingresantes de  la Facultad, si bien dicen poseer un blog o formar parte de alguna red social virtual, la actividad o participación en los mismos disminuye ya que el grupo de amigos es más reducido y la cantidad de tiempo que se dispone para dedicarse a mantener actualizado esos sitios es menor debido a los compromisos que se asumen propios de la edad y del nuevo rol que se asume (joven, trabajador, estudiante universitario).

También cambia el contenido de la información que se sube o publica en la web. Para los jóvenes es más importante reservar ciertos datos, no hacerlos públicos y restringir el acceso de los que sí se ha decidido publicarlos sólo a aquellas personas que son del círculo más  cercano. Además, siempre hablando de la franja de jóvenes mayores de 17 años, se suelen utilizar redes vinculadas a cuestiones de estudios, laborales o profesionales. Es decir que aparece un objetivo más preciso y selectivo en la utilización de la tecnología y de la información que se busca y se brinda que, según exponen, se aleja de la diversión y el entretenimiento y se acerca más al estudio y el trabajo.

En el ámbito público, los comportamientos, tienden a institucionalizarse en función del rol que se desempeña y de las expectativas del público que las observa dejando para el espacio de lo privado aquellos temas o acciones que se saben pueden ser mal vistas, tener algún tipo de sanción social o moral o que generen cierto rechazo en los otros.  En la descripción que realiza Goffman sobre las estrategias de interacción no sólo hace mención al escenario sino también a los bastidores esos lugares que no se ven desde el escenario y en el que se acumula lo que no se desea, lo sucio, lo malo, lo dudoso. (cita)

Sin embargo, en el ciberespacio, aparentemente no hay bambalinas, no existe un sitio donde se ocultan o se realizan acciones que se quieren esconder, todos quieren mostrase y dar a conocer detalles íntimos de sus vidas íntimas, brindar información sobre los lugares a los que suelen ir, colgar fotos de las personas con las que comparten momentos de sus vidas, etc.  El vínculo entre el ámbito de lo público, lo privado y el régimen de visibilidad que se ha generado a partir de Internet se caracterizaría por una atenuación de lo que Goffman denomina “bambalinas”, todo se  ha transformado en un escenario en el que tanto los actores como los espectadores pueden ser vistos. No queremos decir que los acontecimientos o acciones que ven en Internet no hayan sucedido antes del surgimiento de esta tecnología pero consideramos que las nuevas tecnologías han dado lugar a la aparición de lo privado mediatizado y que, a diferencia de la televisión donde sólo se hace visible el sujeto que hace público detalles de su vida privada, con Internet, también es el espectador el que puede ser visto y observado por el actor.

Tal vez, las bambalinas en el ciberespacio sea el estado no disponible o mejo aún el invisible que en todos los chats permite estar pero sin ser visto, mirar pero no ser mirado…

Hasta aquí.

Como se ha mencionado, vivimos en una época caracterizada por la globalización, los movimientos migratorios, la yuxtaposición del tiempo y del espacio, la convergencia de medios y tecnologías y las conexiones simultáneas. En este marco resulta bastante obvio sostener la idea de que lo adolescentes y jóvenes se encuentran en un medio muy distinto al de generaciones anteriores y que se han visto modificados por ellas.

En relación a la grieta que se da a raíz de los cambios tecnológicos producidos, la antropóloga M. Mead dice, “nuestro pensamiento nos ata todavía al pasado, al mundo tal como existía en la época de nuestra infancia y juventud, nacidos y criados antes de la revolución electrónica, la mayoría de nosotros no entiende lo que ésta significa. Los jóvenes de la nueva generación, en cambio, se asemejan a los miembros de la primera generación nacida en un país nuevo. Debemos aprender junto con los jóvenes la forma de dar los próximos pasos. Pero para proceder así, debemos reubicar el futuro. A juicio de los occidentales, el futuro está delante de nosotros. A juicio de muchos pueblos de Oceanía, el futuro reside atrás, no adelante. Para construir una cultura en la que el pasado sea útil y no coactivo, debemos ubicar el futuro entre nosotros, como algo que está aquí listo para que lo ayudemos y protejamos antes de que nazca, porque de lo contrario, será demasiado tarde”[12].

En este sentidos coincidimos con lo expresado por  Scolari “Desde el momento en que  los nativos digitales -una nueva generación crecida en entornos digitales interactivos- han desarrollado nuevas competencias perceptivas y cognitivas (y, como también apuntaría McLuhan, han narcotizado otras) a partir de sus experiencias hipertextuales, los medios tradicionales deben adaptar su discurso a estos nuevos medios espectadores. No es lo mismo conquistar una audiencia formada en la radio, la prensa o la misma televisión que producir programas para nuevas generaciones con competencias interpretativas generadas en experiencias hipertextuales como la navegación en la web, el uso del software o los videojuegos.” (Scolari Hacia la hipertelevisión. Los primeros síntomas de una nueva configuración del dispositivo televisivo. Revista Diálogos – FELAFACS)

Siguiendo esta línea proponemos seguir observando, dialogando indagando, o parafraseando a McLuhan, tirando sonda entre los más jóvenes para poder analizar e interpretar el contexto de mediatización en el que nos encontramos…

* Versión en borrador.

Bibliografía

Appaduray, A. La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. FCE, Buenos Aires, 2001.

Bhabha, H. Narrando la nación. http://www.cholonautas.edu.pe

Bauman, Z. Vida de Consumo .Fondo de Cultura Económica, Bs. As, 2007.

Beck, U ¿Qué es la globalización?. Paidós, Barcelona, 1998.

Castells, M. La era de la información. Economía, sociedad y cultura. Vol. 1. Alianza, Madrid. 1997.

De Certeau, M. La invención de lo cotidiano I. Artes de hacer. Universidad Iberoamericana. México 1996.

Finquelievich, S. Y Price, A. El (involuntario) rol social de los cibercafés. Bs. As. 2007.

Mead, M. Cultura y compromiso. Gedisa, Barcelona, 1997.

Giddens, A. Modernidad e identidad del yo. Península, Barcelona, 1995.

Goffman, E. La presentación de la persona en la vida cotidiana. Amorrortu, Buenos Aires, 1993.

Martín Barbero, J. “Los descentramientos del arte y la comunicación”. En:  Ossa, Carlos (comp.): La Pantalla Delirante. Lom Ediciones, Universidad Arcis.

Thompson, J. B.  Los media y la modernidad. Una teoría de los medios de comunicación. Piados, Barcelona, 1998.

Wolf, M. Sociologías de la vida cotidiana. Cátedra. Madrid, 1979.


[1] El término “nativos digitales” fue acuñado por primera vez  por M. Prensky, en un artículo titulado The death of command and control de 2004,   y hace referencia a los niños menores de 12 años que nacieron  con las tecnologías de la comunicación como un elemento más de su entorno familiar y social. Se puede encontrar más información sobre el autor en el sitio http://www.marcprensky.com.

[2] Martín Barbero, J. “Los descentramientos del arte y la comunicación”. En: Ossa, Carlos (comp.): La Pantalla Delirante. Lom Ediciones, Universidad Arcis. Pag. 35.

[3] Ambos proyectos han sido  presentados  ante la Secretaría……..

[4] DE CERTAU, M. ….

[5] MCLUHAN, M.  Exploraciones en el nuevo mundo…FALTAN DATOS….pag.159

[6] Sistema Nacional de Consumos – Tercer informe – septiembre de 2006, en www. flacsocultura.blogspot.com

[7] LEVY, P. ¿Qué es lo virtual? Bs. As. Paidós, 1999.p.104.

[8] THOMPSON, J. Los media y la modernidad. Una teoría de los medios de comunicación. Paidós, Barcelona, 1998. pag. 143.

[9] GOFFMAN, E. La presentación del Yo en la vida cotidiana….(completar)

10] GOFFMAN, E.. op cit. pag. 13

[11] WOLF, M. Sociología de la vida cotidiana. Cátedra, Madrid, 1979.pag. 93.

[12] Mead, M.  Cultura y compromiso, Gedisa, Barcelona, 1997. pag. 106.

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