Archivo para 16 diciembre 2009

Jóvenes, prácticas culturales y tecnologías*

Por: Mariana Maestri

Las tecnologías de la comunicación e información han provocado transformaciones en diferentes ámbitos y niveles que conforman la realidad social. La presencia de dispositivos comunicacionales basados en la interconexión, instantaneidad, simultaneidad y globalización de la información han hecho que el esquema comunicativo tradicional basado en un modelo simple, de sentido único, emisor – receptor se modifique por el de redes múltiples en las que cada persona es el punto de inicio y de llegada de demandas y respuestas, en las que se ponen en juego las singularidades y homogeneidades que conforman esta cadena (casi infinita) de interacciones.

Estos dispositivos son el resultado de la unión entre las computadoras, la televisión y los teléfonos celulares por lo que hoy nos encontramos en medio de una revolución tecnológica que supone una modificación a nivel cultural hacia nuevas formas de producción, distribución y circulación de la información mediadas por las tecnologías de pantallas. Los nuevos medios de comunicación han generado una matriz que posee su propia racionalidad productora y generadora de sentido. Este nuevo ambiente está caracterizado por la convergencia de medios, es decir, la desaparición de los límites entre los distintos medios de comunicación masiva y la fusión de estos en un único mecanismo digital, lo que posibilita – a través de transformar todos los mensajes en ceros y unos- el manejo simultaneo de voz, datos e imágenes mediante un sólo dispositivo tecnológico.

En este marco son los adolescentes y los jóvenes quienes adoptan, se adaptan con mayor facilidad y se apropian de las nuevas tecnologías constituyendo lo que muchos han denominado los “nativos digitales”[1]. Son, para decirlo de otro modo, los NyC, niñas y niños nacidos y criados en el ambiente  tecnológico en el sentido que lo ha planteado Mcluhan, es decir, en un entorno determinado por las tecnologías que imponen modos perceptuales, formas de relacionarse con los otros y maneras de acceder y conectarse con la realidad.

En un sentido similar, J. Martín Barbero, plantea que “serían los jóvenes quienes encarnarían un nuevo sensorium audiovisual pues ellos son “sujetos dotados de una ‘plasticidad neuronal’ y elasticidad cultural que(…) es más bien apertura a muy diversas formas, camaleónica adaptación a los más diversos contextos y una enorme facilidad para los ‘idiomas’ del video y el computador”.[2]

En el marco general del Proyecto de Investigación “Interfaces en Pantallas: TV, PC e Internet, se elaboró otro denominado “Consumos y Prácticas culturales: un abordaje sociosemiótico del ámbito de la recepción”[3], en el que hemos decidido realizar un abordaje cualitativo y de carácter etnográfico del consumo de estos nuevos medios  mediante la observación y entrevistas a un sector de jóvenes y adolescentes  de clase media de la ciudad de Rosario. La elección de esta metodología se debe a que consideramos que es mediante la observación, la recolección de información a través de entrevistas focales y encuentros pautados con grupos determinados que podemos dar cuenta de una parte de la población tan heterogénea y variada como es la de los jóvenes. Además, y principalmente, partimos del supuesto de que la recepción, en este contexto mediológico, es diversa y fragmentada y por lo tanto, los usuarios tienen un mayor grado de intervención en el proceso de elaboración y producción  de los mensajes. Estos “nativos digitales”, generación que se ha educado y socializado en un entorno digital, conforman un público con nuevas competencias tano a nivel cognitivo como perceptual. Esto nos hace presuponer que los consumidores pueden “negociar” y “resistir” al construir sus propios significados a partir de sus propios hábitos y prácticas sociales. La relación entre elaboración, construcción y negociación implica el paso de la práctica cognitiva a la práctica social.

“Si los viejos consumidores se suponían pasivos, los nuevos consumidores son activos. Si los viejos consumidores eran predecibles y permanecían donde les decías que se quedasen, los nuevos consumidores son migratorios y muestran una lealtad hacia las cadenas, las redes y los medios. Si los viejos consumidores eran individuos aislados, los nuevos consumidores están más conectados socialmente. Si el trabajo de los consumidores mediáticos fue antaño silencioso e invisible, los nuevos consumidores son hoy ruidosos y públicos”. (29)

Esta actividad del receptor la entendemos como lo plantea De Certeau  desde su noción de táctica, “…un cálculo que no puede contar con un lugar propio, ni por tanto con una frontera que distinga al otro como una totalidad visible. La táctica no tiene más lugar que el del otro. Se insinúa, fragmentariamente, sin tomarlo en su totalidad, sin poder mantenerlo a distancia. No dispone de una base donde capitalizar sus ventajas, preparar sus expansiones y asegurar una independencia en relación con las circunstancias. Debido a su no lugar, la táctica depende del tiempo, atenta a ‘coger al vuelo’ las posibilidades de provecho. Necesita jugar constantemente con los acontecimientos para hacer de ellos ‘ocasiones’. Sin cesar, el débil debe sacar provecho de fuerzas que le resultan ajenas. Lo hace en momentos oportunos en que combina elementos heterogéneos, pero su síntesis intelectual tiene como forma no un discurso, sino la decisión misma, acto y manera de ‘aprovechar’ la ocasión. Caza furtivamente. Crea sorpresas. Le resulta posible estar allí donde no se le espera. Es astuta”.[4]

La libertad de estos consumidores, o prosumidores como los denomina De Certeau se encuentra circunscrita en el establishments en el sentido de la sociología de Goffman, es decir, un espacio cerrado, con limites para la percepción, en el que se lleva a cabo regularmente un tipo determinado de actividad. En general los usuarios utilizan las tecnologías para recabar información sobre otras personas o dar información sobre ellos mismos, entran en presencia de los demás, interactúa con los otros y realizan una presentación de sí mismo.

Ciertos conceptos y lecturas de la vida cotidiana y la interacción nos serán útiles para interpretar el uso que los jóvenes y adolescentes realizan de sitios como Facebook, HI 5 y otros espacios virtuales de  similares características.

Desde este lugar intentaremos contribuir al debate sobre ciertos temas que se han tornado recurrentes -pero no por esto han dejado de ser interesantes-  en la literatura sobre las nuevas tecnologías de comunicación e información, a saber, los modos de consumo vinculados a Internet, los teléfonos celulares, los procesos de subjetivación, de vinculación y  las nuevas formas de agruparse de un sector de los jóvenes rosarinos.

Consideramos, como ya lo expresó McLuhan que: “Nadie conoce todavía el idioma inherente a la nueva cultura tecnológica. Somos todos ciegos y sordomudos, respecto de la nueva situación. Nuestros más impresionantes vocablos y pensamientos nos traicionan, ya que nos remiten a lo pre existente, no a lo actual”.[5]

Nosotros tampoco lo conocemos por lo que lo que se leerá a continuación son unas notas que buscan explorar este nuevo marco social en el que se encuentran los adolescentes y los jóvenes.

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Audiencias: de las “redes sociales” a las “asociaciones en red”

Foro Ibermedia

FIA

(Fundación de Investigación del Audiovisual)

Valencia, España, 2009

Por Sandra Valdettaro


La crisis de las técnicas de medición de audiencias televisivas se hizo visible en los 80 del siglo pasado cuando todos los procedimientos -“diario”, “contador de gente”, “contador de gente pasiva”, etc- demostraron su ineficacia puestos en relación con los fenómenos emergentes del zapping y el zipping que el cable y la videograbación posibilitaron. Las prácticas de creciente autonomía que dichos dispositivos fueron instalando en la actividad espectatorial televisiva hicieron que las descripciones meramente cuantitativas perdieran totalmente su eficacia.

Simultáneamente, las diversas modalidades de sociología y etnometodología de las audiencias de base culturalista -en las versiones, por ejemplo, de Morley y Silverstone-, principalmente desarrolladas durante los 90, tampoco pudieron responder de una manera adecuada al fenómeno de su creciente autonomización, ya que, por cuestiones teórico-epistemológicas, dichos abordajes presentan una limitación debido a que el análisis en producción no forma parte de su objeto de estudio, ocupándose, por tanto, solamente de realizar descripciones de los consumos, es decir, de la recepción. Si bien dicha perspectiva aportó un conocimiento significativo acerca de las distintas escenas que la actividad de la audiencia despliega en situaciones concretas de la vida cotidiana, sin embargo en muchas ocasiones sus resultados presentan una desviación producida por una apropiación doxástica de la tesis de De Certeau sobre el sujeto de la resistencia, que subrepticiamente repone la epistemología del sujeto-de-la-acción-motivada del rational choice, que no es más que el “sujeto de voluntad” de las ontologías clásicas de la Modernidad. Ello, sin dudas, no logra captar la complejidad actual del vínculo producción-reconocimiento.

Creo que es, por tanto, la sociosemiótica actual el enfoque que permite optimizar los conocimientos producidos tanto por el cuantitativismo como por el cualitativismo-culturalista. Una de las hipótesis de dicha semiótica es la de la radical asimetría entre producción y reconocimiento, y la articulación entre ambas instancias es su objeto de estudio. Se trata, en definitiva, de dilucidar las modalidades del “vínculo” establecido entre audiencias y formatos mediáticos en el marco de la vida social de los lenguajes. Dicho de otro modo, de lo que se trata es de estudiar la interfaz producción-reconocimiento

Sin embargo, los adosamientos de complejidad que produce la digitalización presenta desafíos constantes a la investigación, que necesita, a los fines de producción de un conocimiento plausible, complejizar también sus herramientas teóricas y metodológicas. Es por ello que se requiere de una articulación lógicamente ensamblada de la perspectiva semiótica no sólo con los resultados aproximativos y exploratorios de las descripciones cuanti-cualitativas, sino principalmente con las teorías de los sistemas complejos, a los fines de evaluar los niveles de interdependencia entre el sistema de medios y el sistema psíquico (Verón  2007)

Creo necesario enfatizar la necesidad de abordar el “vínculo” producción-reconocimiento incorporando hipótesis sistémicas, ya que, habitualmente, la semiótica se centró en análisis en producción a partir de los cuales se suponía posible inferir gramáticas de reconocimiento. Los conceptos de “lector modelo” de Eco, o “contrato de lectura” de Verón, entre otros, cuya eficacia heurística sigue siendo indiscutible, no logran por sí mismos, sin embargo, en el momento actual de complejización de la mediatización, dilucidar las lógicas de la recepción, porque lo que ha mutado, justamente, son las “condiciones” del reconocimiento. Si por un lado resulta aun posible identificar, en producción, lo que en terminología peirceana podemos nombrar como “objeto inmediato” -ya que, en muchos casos, quienes siguen ocupando el lugar de enunciadores pueden ser considerados aun sujetos corporativos-, sin embargo el reenvío que en reconocimiento se produce a “objetos dinámicos” podrá ser sólo fragmentariamente delimitado apelando a técnicas empíricas cada vez más atentas y sofisticadas debido a los inéditos niveles de complejidad de la digitalización de los vínculos.

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El audiovisual en Internet y el “fin” de las audiencia/s. Apuntes sobre dispositivos mediáticos y actores de la comunicación.

Por: Lic. Ricardo Diviani

Introducción

Desde las últimas décadas del siglo XX el concepto de audiencia, que históricamente había ocupado un lugar destacado en los estudios sobre medios masivos, fue sucesivamente puesto en crisis. Si las transformaciones de las tecnologías de la comunicación  a partir de los 80’, fundamentalmente la introducción a los hogares de la video casetera y posteriormente la aparición de la televisión por cable, expresaron el comienzo del fin del “audiencia” entendida como masa indiferenciada expuesta a los distintos medios (y de alguna manera, el comienzo del ¿“fin”? de  la televisión generalista y otros soportes “tradicionales”[1]), en la actualidad, con la emergencia de algunos dispositivos audiovisuales entramados en Internet, parece poco pertinente sostener aquel “viejo” concepto.

Por aquellos años de fin de milenio hubo intentos de encontrar “nuevas” formas de dar cuenta del fenómeno que estaba emergiendo en el marco de los estudios cualitativos de recepción.  Se propuso hablar de audiencia en plural para abordar el paso de la homogeneidad a la diversidad de los “públicos”.  Algunos encontraron más pertinente referir a “consumidores”, no entendido el consumo en su acepción económica,  como lugar donde se realiza la mercancía sino como espacio de negociación, apropiación y producción de sentido y otros, también, comenzaron ha sostener la idea de públicos “nomádicos”  o “sujetos errantes” difícil de “localizar” en un lugar o espacio determinado[2].

Hoy se hace evidente que el concepto de audiencia/s  ya no parece como el más apropiado para un estudio sobre los nuevos dispositivos digitales. Tampoco pareciera una alternativa válida las propuestas que antes mencionábamos: ninguna de ellas  pone en riesgo –a pesar de los intentos – a la “recepción” como una polaridad ya adquirida y definida a priori en un sistema más o menos lineal de comunicación. Quizás habría que dejar en suspenso a las audiencias y sus derivados y pensar en los “actores”. Esta noción de actor, consideramos, puede resultar pertinente siempre  y cuando haga referencia a la intervención activa y  necesaria de las “audiencias” en los  procesos de producción de sentido[3]. En los nuevos soportes digitales, los actores se encuentran en  una red de interrelación en la que nociones de emisores-receptores se diluyen y se convierten en participe fundamentales de la  circulación de determinados materiales significantes.

Por otro lado entendemos importante distinguir al actor del “sujeto”, entendido como  sujeto “cartesiano” de conciencia y libertad y del “agente” como mero reproductor de prácticas establecidas. La noción de actor se halla en los intercisios entre el puro determinismo y la autodeterminación, entre aquel “sujeto sujetado” a las “estructuras”  y uno puramente autónomo. En esa tensión se mueven los actores de la comunicación y los actores sociales en general. Obviamente el “abandono” del concepto de audiencia/s no impide el análisis sobre accesos y exposición ante los medios. Para aquellos interesados en los modelos de negocios de determinados dispositivos mediáticos conocer las “audiencias” sigue siendo fundamental para las cuestiones, por ejemplo, de la  publicidad y la venta. En última instancia, los actores también son “audiencias”. Aún más: ¿Quiénes son los verdaderos actores de la comunicación y quiénes los simples espectadores?  Si damos créditos a algunos estudios que nos indican que –como ya todos intuimos- los usuarios “activos” en sistemas como Facebook y Youtube , aquellos que realizan un posteo o cuelgan un video, son minoritarios, esto no implica que la noción no tenga sentido. Entendemos que, producto de la web 2.0  los actores de la comunicación se han convertido en el elemento esencial para el funcionamiento de estos sistemas. Sin ellos, obviamente no habría “redes sociales”.

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